Preguntas que la gente hace

Lo que nos preguntan cuando enseñamos el clon por primera vez — respondido sin tecnicismos.

Un equipo de programas de inteligencia artificial que trabaja para Miguel Ángel Domínguez (MAD) las 24 horas. Lee lo que llega (correo, WhatsApp, notas), lo clasifica, prepara respuestas y dossieres, y deja las decisiones importantes listas para que el humano solo tenga que decir sí o no.

No. El Clon propone; MAD dispone. Todo lo que toca a otras personas — enviar un correo, aceptar una cita, mover un euro — pasa antes por la aprobación humana. El Clon prepara el trabajo; la firma es siempre de MAD.

La unidad de trabajo de la IA. Léelo como «palabras pensadas»: cada vez que el clon lee un correo o redacta un borrador, gasta tokens. Medirlos es medir cuánto trabaja el sistema — igual que los kilómetros de un coche.

Las cifras de esta web lo dicen en directo, y se regeneran solas cada noche: míralas en las páginas de Tokens y de Salud.

Esta web pública solo muestra cifras agregadas del sistema: cuánto trabaja, cuánto falla, cuántas rutinas van en verde. Jamás aparecen nombres, correos, mensajes ni nada personal. Los datos vivos viven en la memoria privada del sistema (el «vault»), que no sale del equipo de MAD.

Cada noche el clon audita su propio trabajo: qué falló, qué se puede hacer con menos gasto, qué rutina conviene ajustar. Propone mejoras y muchas se aplican solas en horario nocturno; las delicadas esperan el visto bueno humano. Por eso la web cambia un poco cada día.

El sistema se vigila a sí mismo con un guardián que comprueba integraciones, puertas de entrada y rutinas cada pocos minutos. Si algo falla, queda marcado en la página de Salud y salta un aviso. La frase de estado de la portada te lo cuenta en lenguaje normal.

Porque el clon vivía escondido en paneles técnicos que solo entiende quien lo construyó. Este Front Office traduce esos mismos números a algo que cualquiera — familia, socios, curiosos — puede entender de un vistazo, sin saber qué es un «second brain».